El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblas

El colonialismo explicado con el viaje de un inglés por todo el Congo en busca de un traficante de marfil más chungo y perturbado que el prota de Narcos

¡Hola, chiquitines! Sip, habréis notado que vengo con una semana de retraso, pero a finales de agosto me plantée: “Ufff, pero ¿quién va a leer esto el último finde del verano? ¡Mejor espero a la vuelta al cole para tener a la gente más animadita en septiembre!”. Aunque, claro, animar anima poco esta obrita con la que venimos… ya veréis, canelita fina.

Os dejo el índice, como siempre:

¿Y esto de qué va?

Quien busque un libro sobre adorables piratas y marinos y aborígenes que viven unas aventuras dulces y encantadoras, se ha confundido de libro. La verdad es que esta novela es un poco perturbadora.

Imaginaos África cuando los ingleses estaban colonizándola (o intentándolo, je). Imaginad mucho y, aún así, no os haréis una idea de lo cruel que puede ser el hombre hasta que no hayáis leído esta novela…

Un señor muy simpaticote, Marlow, está navegando con sus hombres cuando decide contarles una historia de su juventud: les relata su primer viaje al Congo.

El Marlow versión jovencito va hasta allí después de mucho papeleo, con su carta de recomendación, muy dispuesto a conducir un barco a vapor por entre lianas en el puñetero Congo y mientras que si este es el timón, que si leven anclas, que si dónde están mis hombres, oye hablar de un tal Kurtz.

¿Que quién es Kurtz? Bien, Kurtz es un europeo que fue al Congo para hacer negocios con la compra y venta de marfil y, al parecer, se ha quedado allí viviendo entre una tribu autóctona y a toooodos los que oye hablar de él, prácticamente le describen como un dios en la tierra. Claro, Marlow está muy intrigado a estas alturas, porque mudarse al Congo tampoco es como alquilarse un apartamento en Almuñecar y ningún hombre blanco está preparado para vivir tan salvajemente (sí, amigos, siglo XIX, colonialismo, racismo, brutalidad en extremo puro, no sabéis lo que aguarda…).

A partir de ahí Marlow se dirige en busca de Kurtz, que no está precisamente en una zona accesible. Selva pura, el río Congo como fondo, luchas, caníbales de por medio, sangre, muerte, gente escalofriante varia, rituales extraños… No desvelo mucho más, pero, como veis, el viaje no va a ser un camino de rosas y hará descubrir a Marlow lo oscuro que puede llegar a ser el corazón de un ser humano.

 

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¿Quién escribió el libro y por qué estaba tan loco para hacerlo?

Joseph Conrad, cuyo verdadero nombre es Józef Teodor Konrad Korzeniowski, nació en 1857 en Berdichev, Polonia, aunque luego cambiaría su nacionalidad por la británica.

Fue hijo de un noble nacionalista que luchó contra la invasión rusa en Polonia, lo que significa que el pobre chico no tuvo una vida muy tranquila. Primero sufre un exilio por las opiniones políticas de su padre y más tarde su madre enferma de tuberculosis y queda huérfano.

A los dieciséis años se muda a Marsella y navega en varios barcos franceses, lucha en las guerras carlistas de España y trata de suicidarse por un desengaño amoroso. Para evitar que fuera reclutado por la marina de Rusia, de donde procedía ahora según su pasaporte (estuvo allí exiliado con su madre), se muda a Londres sin tener ni papa de inglés. En dos años ya es capitán y ha conseguido cambiar su nacionalidad por la británica.

Navega muchísimo, especialmente por África. Un viaje al Congo le deja particularmente traumatizado: nace entonces El corazón de las tinieblas.

Conrad ya había escrito un libro con anterioridad (Almayer’s Folly), el cual no llegó a terminar, y adoraba a escritores ingleses como Shakespeare, cuya lectura su padre le había inculcado. Sin embargo, su libro más conocido es El corazón de las tinieblas. Tiene un estilo muy complejo y lírico y su atmósfera es absolutamente perturbadora. Además, la novela está escrita en inglés, que no es la lengua materna del escritor.

A pesar de que podría pensarse que es un libro de aventuras, el argumento de la novela es, como muchas otras de las que escribió, la lucha del hombre entre el bien y el mal y, en general, la locura de la condición humana.

Tras escribir trece novelas, dos libros de memorias y veintiocho relatos cortos, Conrad muere en 1924 en Kent, en Reino Unido, después de haber vivido una vida en el mar y entre palabras, alejado de la escena literaria del momento.

Retrato

¿Por qué leerlo?

Si os mola Apocalypse Now!, leed el libro. En serio. La película está inspirada en él y tiene similitudes (ya está, no hay muchas más razones… bueno igual sí, pero esta es la que os doy yo).

 

¿Por qué no leerlo?

Porque no os guste este tipo de libros tan perturbadores, como a mí (explico más en el punto anterior).

 

¿Qué pienso yo de este libro?

No me ha gustado este libro. NO ME HA GUSTADO. Es la primera vez desde enero que escribo sobre un libro para este blog y digo QUE NO ME HA GUSTADO. ¡ALELUYA, YO TAMBIÉN SOY HUMANA!

En fin…

Se han juntado varias cosas, en realidad.

Primero, la forma de escribir de este señor es bastante complicada para mi gusto.

Luego, tenía la sensación de que en la historia en sí no pasaba nada, es decir, ¿pero cuándo van a llegar, pero por qué tardan tanto, pero por qué tanta quietud en esta selva maldita que me está ya poniendo mala? Todo eso me mata, en serio.

Además, hay que destacar que yo no soy muy fan del género de aventuras, aunque esto es más que un libro de aventuras.

Otra cosa a tener en cuenta es que ningún personaje me caía especialmente bien… eran todos muy estáticos, imperturbables (salvo cuando se llega hacia el final, vaya, vaya). Todo muy Lord inglés y a mí eso no me va.

En suma, las cosas que me han medio-gustado del libro han sido que no es muy largo (aunque se me haya hecho largo, je) y que no tiene un final taaaaan malo como esperaba según iba leyendo el libro, así que ni tan mal.

Y así es como hoy, queridos y queridas, hemos aprendidos que no todos los clásicos están hechos para todos, pero sí hay alguno (o algunos) en algún lugarcito que son ideales para nosotros en concreto.

Vale, una portada preciosa, pero… ¿qué significa?

Hay una frase maravillosa del libro que podría sustituir al propio título: “¡AH, EL HORROR!”. No digo de quién es ni por qué la dice, ya que sería desvelaros un prometedor final, pero me ha parecido preciosa para crearme un patrón un poco lóbrego para la portada. Además de eso, he trazado el mapa de la actual República Democrática del Congo (entiendo que no es exactamente el mismo territorio en el que transcurre la historia, pero me gustaba que fuera al menos ligeramente identificable), sobre el que tenemos un río sinuoso y apenas perceptible: una raja que rompe en dos el corazón de África, el maldito y puro corazón de las tinieblas.

 

Elcorazondelastinieblas

Esa portada tuya tiene un “dibujo” encima, ¿qué es?

Ese símbolo es el logotipo de mi blog y está encima de esa portada por dos buenas razones.

En primer lugar, para proteger los derechos que como autora tengo sobre mi trabajo. Sé que puede resultar incómodo para visualizar bien la composición, así que agradezco mucho vuestra paciencia.

En segundo lugar, es una forma de promocionarme y de que cuando veáis una portadilla por la red sepáis que es mía y conozcáis este espacio. Por supuesto, os animo a que compartais mi blog por redes sociales para que así el gusto por la lectura llegue cada vez a más gente, ¡sobre todo a los que aún estáis estudiando y tenéis que leeros estos libros! 😉

Si quieres conocer más información sobre este logotipo o sobre cómo hago este blog, te recomiendo que visites esta entrada.

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Esto acaba aquí… pero sigue

Buenoooo, buenoooo, pequeñines. Estamos viajando mucho últimamente: Egipto, Congo… ¿cuál será la siguiente parada? Pues nada menos que la Inglaterra victoriana. Nos vemos dentro de una semana (yep, ya sabéis que mantengo la cronología de actualizaciones aunque haga excepciones contadas 😉 de la mano de… El retrato de Dorian Gray.

Christina

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